miércoles, 20 de febrero de 2013

Sustos. Ojo cuidadin.

A continuación una recopilación de algunos de los más destacados sustos que me han pasado escalando ordenados más o menos cronológicamente. Para tomar nota…
1. Niños jugando a ser alpinistas: Con apenas 13 años, tres amigos nos escapamos para hacer el Torres en Invierno. Sin la experiencia suficiente salimos vivos de milagro. Subimos por la arista noroeste y bajamos, ya no se ni por donde bajamos, sólo se que uno de mis compañeros pensó que era más fácil bajar sentado deslizándose por la nieve y se tiró hacia el lado norte pensando que este tendría continuidad. No sé cómo pudo salir ileso. Sufrió una caída de 200 m con un salto que no había visto desde arriba de unos 15 metros, que según lo descubrió, además clavó los crampones para intentar frenar y volteó de cabeza. Increíble. Que suerte tuvimos. Lo máximo que habíamos hecho hasta entonces era la Rapaína o el Toneo en el entorno del Puerto de San Isidro. Al Torres no nos dejaban ir y por eso nos escapamos.




2. Cabo más corto en un rápel: Con unos 15 años empezamos a escalar. Frecuentábamos una escuelilla llamada la Ñora, cercana a Gijón. Usábamos material de ferretería y nos fiábamos a muerte de aquellos hierros oxidados anclados a estacas cementadas en la roca. Uno de los del grupo sufrió una caída desde unos 8 metros tras montar mal un rápel y no igualar las cuerdas, saliéndose del mismo. Afortunadamente sólo sufrió un fuerte golpe en un talón y diversas contusiones. Enfadado, cogió la bicicleta sin decir nada y se fue para casa. Por lo menos eso cuentan los presentes.

3. Presta atención a los guantes: De paseo por el camino Wamba, en invierno con la nieve como un plato nos salimos para practicar por una ladera con los crampones. Uno de mis compañeros se cayó y al intentar frenar con el piolet se quemó los nudillos de una mano por no llevar guantes. Éramos unos niños. Muchos años después con unos amigos camino de la vía nocturna de Peña Prieta uno de ellos cayó e inexplicablemente se le salió un guante que debía de llevar flojo. Al apoyar la mano sobre unas rocas afiladas como cuchillos que sobresalían del helero por el que se caía se produjo profundos cortes en la palma  que le afectaron a varios tendones. Tuvo que ser evacuado en el helicóptero.  
112 Cantábria
4. No despistes el aseguramiento: En Quirós en una vía de 35 metros de 6c llegué exhausto a la reunión. Después de chaparla me mantuve asido al reenvío a punto de soltarme para ser descolgado cuando veo que mi compañero sostiene la cuerda,  también a punto de soltarla tras haber quitado el grigri. Él daba por hecho que me había anclado a la reunión para asegurarle de segundo, yo daba por hecho que me iba a descolgar porque no sabía que no llegaba la cuerda. En juego un vuelo de 35 metros directo al suelo.

Quiros
5. En caliente no duele: En una repetición de la Murciana 78 al Urriellu el compañero que iba de primero cae en el séptimo largo antes de llegar a la reunión. Fue un vuelo corto pero cayó mal y se hizo daño en el tobillo. Aún así terminamos la vía,  al final no podía apoyar el tobillo. Bajó arrastrándose por el anfiteatro y los rápeles de la sur le supusieron un infierno. Ya en los vivacs de la este fue evacuado en helicóptero con rotura limpia de peroné. Tendríamos que haber bajado rapelando por la murciana acto seguido tras caerse. Fue un error continuar.      

6. Cuidado con las temperaturas positivas escalando en hielo: Bajo la columna a la izquierda de la Acuario, en Tarna, aquella mole de varias toneladas de hielo colgaba libre en el aire a pocos centímetros de apoyarse en el suelo. Le dimos unos golpes de piolet y decidimos dejarlo para otro día ya que chorreaba agua. Unos instantes después de abandonar su entorno aquel camión de hielo se desprendió. Lo justo para no golpearnos se perdió pala abajo.

7. Intenta no escalar con gente por arriba:        En una repetición de la Leiva en la oeste del Picu Urriellu, con una cordada por delante, se perdieron y desprendieron un bloque del tamaño de una lavadora. Nos rompió una de las dos cuerdas y se cargó uno de los dos buriles de la reunión. Muy afortunadamente no sufrimos daños físicos pero anduvo muy muy cerca.    

8. Rápeles mínimo dos anclajes y probados: En un rápel en las Torres de Cebolleda en los Picos de Europa, tras hacer una cascada de hielo, rapelando de un clavo, el bueno, y asegurado a mayores a otro, el malo,  pero sin tensión. Saltó el bueno, tensó la cinta y le metió un buen golpe al malo, que aguantó. Por debajo sesenta metrazos y una palona de nieve. Yo no lo veía claro pero el compañero insistió. Desde entonces soy menos tolerante.
Cascadas de las Cebolledas
9. Casco siempre: Recuperando la cuerda en un rápel en Terradets, una piedra del tamaño de una pelota de golf  me golpeó la cabeza. Llevaba una gorra con dos ojos que ponía "No fear". Resultado: dos días de tensión pendiente de anomalías cerebrales.
Sin casco en el Tozal
10. Cuidado con las trombas de agua: A un largo de la cumbre del Picu Urriellu durante una ascensión en solitario de la vía Cuélebre me pilló una tormenta eléctrica que barrio los picos de Oeste a Este y que mató a un paisano en los Lagos de Covadonga. Tras dos horas de rápeles totalmente empapado llegué por fin al suelo con las manos heladas y casi sin material. La tromba de agua y piedras que bajaba por la Sagitario era brutal. Por suerte en ese momento yo la veía desde arriba. En estas mismas circunstancias dos personas murieron rapelando por esta vía.

11. Hacer nudo al final de la cuerda: Repitiendo Cheroke Way en la oeste del Picu  Urriellu, en solitario, presté demasiada atención al montaje de la reunión de la base y resto de maniobras pero me olvidé de hacer el nudo al final de la cuerda.                       Empalmé los dos primeros largos y a punto estuve de caer llegando a la reunión. Una vez asegurado a ella, en un movimiento brusco que hice, la escasa cuerda que me quedaba en la mochila, se escurrió por el Soloist y me quedé allí arriba sin cuerda. Si me hubiera caído antes de llegar a la reunión probablemente me habría salido de la cuerda y me esperaban sesenta metracos hasta el duro suelo.

Solitario en la Directísima del Urriellu
12. Estudiar bien la meteo:  Con un día fantástico empezamos a escalar la vía Salluard de la Aguja Adolf Rey de los satélites del Tacull pero en la cumbre empezó a nublarse y dos rápeles más abajo diluviaba entre relámpagos. Empapados durante 200 m de rápeles tuvimos mucha suerte de que la cuerda no se nos enganchara al recuperarla sobre aquel universo de bloques y fisuras graníticas. De haber tenido que pasar la noche allí seguramente no habría sobrevivido a la hipotermia. La noche fue despejada y las temperaturas cayeron en picado a pesar de ser junio. Me costó entrar en calor incluso en el saco.

 

13. Cuidadín con las placas de viento aunque nieve poco: La nieve como un plato de dura y una pequeña nevada de escasos 5 cm en la falda de la norte de Peña Santa, eso sí, un viento patagónico y muchísimo frío. Nos metimos apenas 5 metros en una placa de viento y colapsó. Flipamos con el volumen de nieve que allí se acumuló a pesar de ser una pequeña extensión.

14. Una vez más cuidado con los rápeles: Recuperando la cuerda en el segundo rápel, bajando por la norte del Pico de los Cabrones en invierno. Se engancha  caprichosamente a escasos 6-7 metros de la reunión en un lugar que no acertamos a ver. Tiramos con fuerza y conseguimos soltar la cuerda pero viene con regalo. Un bloque de unos 10 kilos me golpea en el brazo tras ponerlo delante para protegerme la cabeza, afortunadamente sin consecuencias graves. Si me da en la cara me bajan en helicóptero. 
Norte de Cabrones

15. No te despistes hablando, lo primero es lo primero: Llegando a la última reunión de la Gabarrou al Tacull, el asegurador me soltó, antes de que yo me asegurase, sin preguntarme por ello. Con los crampones de lado sobre una costra de hielo inclinada me podría haber caído los 50 metros de cuerda. Conclusión yo tendría que haberme asegurado nada más llegar y él tendría que confirmar que yo no lo estaba antes de soltarme. Todo esto sucedió en apenas unos segundos nada más llegar a la reunión y todo porque nos distrajimos hablando.
Panorámica desde la Gabarrou del Tacull
Por lo demás, quitando algún nudo a medio hacer, mosquetones que se abren, cramponazos varios, hebillas del arnés mal puestas, cintas mal chapadas, mazas desmangadas y un petate reventado tras tirarlo desde la séptima reunión del Pilar del Cantábrico, no hemos tenido mas percances después de más de 20 años escalando y si seguimos con ganas es porque realmente el saldo es positivo y la cosa compensa.

Nos vemos por las cumbres.

3 comentarios:

  1. Excelente entrada: atención siempre!
    Completar las maniobras y hacer una cosa de cada vez es una máxima que me repito continuamente (y con eso y todo, hay despistes).
    Un saludo

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  2. Joder..., dices por lo demás todo bien. Jajajajaja
    lo de las siete vidas de los gatos contigo se quedan cortas jajaja. En serio, movidas parecidas confirman la idea general de que entre el empane que arrastramos y los riesgos objetivos de la actividad...hay que andarse con cuidadín si queremos llegar a viejos. Cuídate

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  3. Magnífico recordatorio para estar al tanto.
    Hay algunos de los 15 incidentes que relatas... que me levantaron los pocos pelos que me quedan.
    Quizá la cosa deba ser calma justa y escuchar las señales.
    Saludos.

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