domingo, 23 de octubre de 2016

La vida al límite. El Maestro.


“Si un hombre está vivo, siempre hay peligro de que muera, aunque hay que admitir que el peligro es menor en la medida en que el hombre se va convirtiendo en un muerto en vida”
(Henry David Thoreau)
"Quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca"
(Proverbio Sufi)
“Cuando te emocionas a menudo, te das cuenta de que la vida es emocionante”
(Esta es mía)
Explorar hacia y hasta donde quiere ir tu cuerpo, no es fácil en esta sociedad del “bien estar”, huérfana de valores.
Hubo un tiempo en que iniciarse en la montaña, igual que muchas otras cosas, era muy natural.  Sin más timón que la pasión compartida, sin leyes, normas o monedas, mas allá que el sentido común y la amistad, salir al monte y aprender a escalar era como aprender a hablar. Bernardo, Alberto, Luque y sobretodo  Miguel, me llevaron de la mano justo cuando yo más lo necesité.

La adolescencia es una etapa difícil y un momento clave para el desarrollo de la identidad del individuo. Mientras lo normal era experimentar con modas y drogas, esta gente canalizó mi  potencial para que yo pudiera experimentar con paredes, bosques, cascadas de hielo y noches llenas de estrellas.




De Miguel Rodríguez puedo decir que fomentó, alentó y motivó lo que yo llevaba dentro. Muy importante en esta sociedad que no ayuda al desarrollo personal del individuo, donde hay unos tiempos y unas reglas que no respetan la llama interior de cada uno. Yo tengo claro que tod@s llevamos un genio dentro, el de él era muy grande. Si no consigues darle salida, si no te das cuenta de lo que llevas dentro, te espera la frustración, la falta de identidad y una vida, en mayor o menor medida, incompleta.
“La inmensidad de las montañas pueden hacer muy grande el corazón del niñ@”

Qué suerte tuve. Miguel me pilló justo ahí. Me convirtió en un devorador de paredes. Con 17 años Diego y yo subimos la Ravadá-Navarro del Urriellu y con 18 y 19 conseguí seis solitarias en la misma pared y algunos solos integrales.  Él estaba, sin ninguna duda, detrás de toda esta actividad frenética y precoz.
Es increíble la fuerza que te pueden aportar todas estas experiencias a la hora de enfrentarte a esta locura de vida, llena de presiones y prejuicios, y el autocontrol que tienes que tener para dominar  el ego y seguir siendo una persona más. Afortunadamente la naturaleza siempre estaba ahí para ubicarme en el universo. Era nuestro terreno de juego y era fácil darse cuenta que apenas somos un leve suspiro ante tanta inmensidad.

  Miguel tenía un estilo muy especial a la hora de transmitir, muy Montessori. 
“Cualquier ayuda innecesaria es un retraso para el aprendizaje”
(María Montessori)
Enseguida se quitaba la cuerda y desaparecía corriendo. Había que “buscarse la vida”. Salir pitando detrás de él. Las crestas y destrepes eran su medio natural. Siempre pensé que se mataría despeñado. Supongo que no era fácil manejar el caballaje que levaba dentro. Se salía.
Necesitaba dar respuesta a su gran potencial, por eso tenía un concepto de aventura muy amplio. Le gustaba abrir más que repetir, pero más que alpinista era aventurero.  A mí me gravó, a fuego, eso en el alma.  Ambos hemos pasado épocas sin escalar.
“¿Qué hay de aventura en hacer siempre lo mismo, aunque sea escalar?”
La aventura puede estar en cualquier sitio.
Él siempre estaba innovando con nuevos proyectos, con el material y las técnicas.
Pintaba.  Normalmente paisajes. Creo que para atraer esos lugares hacia sí cuando estaba lejos de ellos. Abría vías en sus cuadros. Ahora tod@s somos capaces de escalar sobre sus dibujos.
Era un gran conocedor de la Cordillera Cantábrica, su “laboratorio”. Dominaba toponimia, historia, cultura, paredes, corredores, simas o caminos. Sus herramientas de trabajo eran el casco, la bici, la cuerda, el parapente, los esquís, la bota y el pincel.
Muchas de las actividades que hicimos juntos, fueron primeras absolutas que no saldrán en ningún libro, pero sí en el de mi vida. La primera vez que subí la Oeste del Picu , la primera vez que subí a La Peña Santa, Ordesa, Riglos…
Con el descubrí el verdadero significado de la palabra “Cordada”

Le gustaba el extremo caliente de la cuerda  y  “la vida al límite”.
El descontento social y la crítica antisistema eran una escusa perfecta para destrepar el Espolón de los Franceses o la Sur de Peña Santa.
Vivió muchos momentos especiales. Fue testigo de la evolución del alpinismo aquí. Formó parte de aquella generación gloriosa que recogió el testigo de los clásicos, justo en el preciso momento cuando la revolución de las técnicas, el material y la ética rompieron la barrera de lo imposible. ¡Tuvieron en sus manos la sur de Peña Santa o la Oeste del Naranjo casi sin vías!. ¡Y lo aprovecharon!, ¡vaya si lo aprovecharon!.
Cuando fuimos cordada, él tenía la edad que yo tengo ahora. Esa edad en la que te das cuenta de que la vida va en serio y que pasa rápido. Esa edad en la que no puedes perder el tiempo haciendo lo que no te gusta.

A parte de varias vías inacabadas, tengo una deuda pendiente con él. Uno de mis objetivos en la vida es hacer lo mismo con otr@s que él hizo conmigo, con Diego, con Edu…, Con Dani.
Por Dios, Dani, una personita buena y tranquila que se fue demasiado pronto, para siempre, con Miguel, en aquella ratonera en la que se metieron, buscando, como siempre, vivir al límite. Allí donde estén estarán buscando lo que hay detrás de aquel collado, en aquel agujero o cómo huelen las nubesssssssss …
Desde que nos han dejado, me gusta recordarlos vivaqueando en la isla del Lago del Valle, en Somiedo.
Aquel finde su aventura consistió en eso. Unos neoprenos, unos bidones estancos, cruzar nadando el lago hasta la isla que se encuentra en su interior y dormir allí bajo las estrellas aislados de todo,  formando parte del cuadro.
Porque, señoras y señores, de notr@s mismos depende ver el cuadro desde fuera o formar parte de él.


Implícate.
Métele pasión.
Busca a tu alrededor.
Seguro que hay algún genio dormido esperándote.

Que grandísima suerte haberte conocido compañero.
Hasta siempre Miguel
 Hasta siempre Maestro.







2 comentarios:

  1. Gracias a Miguel por haberte ayudado a encontrar a la persona que hoy eres Iñaki. Sin duda sigues sus pasos inspirando pasión en aquellos que te acompañan.
    Un abrazo. Camino.

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  2. Que escrito tan bonito y emotivo. Resume en pocas palabras un sentimiento hacia la naturaleza y la montaña que pocos son capaces de sentir y mucho menos de transmitir...Gracias.

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